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Polisomnografía, ¿cómo prepararte para un estudio del sueño?

Uno de los  motivos más frecuentes de buscar atención médica, en este caso con el especialista en neurología, son aquellos relacionados con problemas del sueño. 

Prepararse para el estudio es realmente fácil, ya que se trata de apegarse lo más posible a la rutina habitual. En este caso se recomienda que el paciente duerma la noche antes como acostumbra, que tome sus medicamentos de diario, a menos que el médico indique lo contrario. Para mayor comodidad, es permitido acudir con la ropa de dormir, almohadas o peluches que el paciente acostumbra.

Polisomnografía: “el estudio del sueño”.

Una herramienta que le permite al médico diagnosticar los problemas relacionados con el sueño es la polisomnografía. Este estudio es un registro completo que se realiza mientras el paciente duerme y tiene la ventaja de poder registrar mediante sensores los siguientes indicadores:

  • Patrón respiratorio y saturación de oxígeno.
  • Frecuencia cardíaca.
  • Movimientos oculares y etapas del sueño.
  • Ondas cerebrales mediante electroencefalograma.
  • Grabación de ruidos como ronquidos.
  • Movimientos y posiciones durante el sueño.

¿Qué debo saber antes del estudio?

Es importante tener en cuenta que es un estudio no invasivo, es decir, no genera ningún tipo de dolor ni se asocia con ningún riesgo. Además, un técnico se encargará de monitorizar el proceso y resolver cualquier duda.

Este tipo de estudios puede realizarse en casa o en un centro o laboratorio del sueño, dependiendo de lo que se busque y de lo que el médico considere.

Para tranquilidad del paciente y de los padres, sobre todo si es niño, se puede acompañar por un familiar en todo momento.

La duración consiste en pasar una noche monitorizado y una vez obtenidos los resultados, estos se enviarán a su médico quien se encargará de dar las indicaciones o tratamientos correspondientes.



Pero, ¿qué son los trastornos del sueño?

Son un conjunto de problemas o situaciones que afectan la calidad o la cantidad del sueño, ya sea dificultando el dormir, o lograr conciliar pero sin que éste sea completamente reparador. 

Este tipo de condiciones son cada vez más frecuentes en el día a día ya que la mayoría de ellas están asociadas a un estilo de vida donde el estrés es constante o donde nuestro trabajo nos exige dormir pocas horas de manera frecuente, afectando nuestro ritmo circadiano.

Otro tipo de situaciones comunes son aquellas que aquejan a los estudiantes que están sometidos al estrés que exige la escuela. Se estima que hasta un 30% de la población padece o padecerá algún tipo de trastorno del sueño a lo largo de su vida.

Por mencionar algunos de los ejemplos más frecuentes, listamos los siguientes:

  • Apnea obstructiva del sueño.
  • Insomnio, qué es la dificultad para lograr conciliar el sueño, ya sea porque no puede dormir, se despierta constantemente durante la noche, o se despierta antes de lo deseado.
  • Hipersomnia y narcolepsia, manifestadas como sueño excesivo o quedarse dormido durante el día.
  • Terrores nocturnos, sonambulismo o síndrome de las piernas inquietas.

¿Cómo detectarlos y cuáles son las consecuencias?

Independientemente de la causa y el tipo de trastorno del sueño, la mayoría de ellos se manifiestan como somnolencia diurna (sueño excesivo a lo largo del día), agotamiento físico y emocional (enojos, irritabilidad, depresión), menor rendimiento en el trabajo o en la escuela, problemas de memoria y concentración o dificultad para cumplir con las tareas y obligaciones, lo que se puede traducir en bajas notas escolares o bajo rendimiento laboral.

En algunas ocasiones los pacientes no son conscientes de que tienen algún problema, en cambio, la pareja o los padres son quienes detectan algunos datos clave como los ronquidos, las respiraciones agitadas, pausadas o incluso apneas, es decir, momentos en los que “pareciera que dejara de respirar”.

Otras manifestaciones que se pueden llegar a presentar son el sonambulismo, tener despertares frecuentes o antes de tiempo y sufrir pesadillas o terrores nocturnos.

Si bien, el hecho de que este tipo de trastornos afecten el día a día del paciente, es importante enfatizar que a largo plazo se han visto asociados con problemas cardiovasculares o neurológicos.