Electroencefalograma o encefalograma: diferencias y aplicaciones
Autor: Giovana Femat Roldán

Cuando una persona acude al neurólogo por síntomas como pérdida de conciencia, convulsiones, alteraciones del sueño o incluso problemas de concentración, es común que se le solicite un estudio cerebral. En este contexto, suelen surgir dos términos: electroencefalograma (EEG) y encefalograma, que muchas veces se usan como sinónimos. Sin embargo, desde el punto de vista clínico, es importante conocer sus diferencias, comprender para qué sirve cada uno y en qué situaciones un especialista puede recomendarlos.
Este artículo busca resolver esas dudas de forma clara, directa y basada en evidencia científica, con el fin de ofrecer orientación confiable a quienes enfrentan una sospecha de alteración neurológica.
¿Qué es un encefalograma?
El término encefalograma es, en realidad, un concepto general y algo ambiguo en el lenguaje médico. Se utiliza de forma coloquial para referirse a cualquier tipo de estudio gráfico del cerebro. Sin embargo, no se trata de un procedimiento específico. Por esta razón, cuando un médico habla de un «encefalograma», lo más probable es que esté haciendo referencia a un electroencefalograma, que sí es un estudio claramente definido, con criterios diagnósticos estandarizados y aplicaciones clínicas bien establecidas.
Es importante destacar que en muchos países de habla hispana, el término “encefalograma” se usa como sinónimo informal de EEG, pero en la práctica médica, el término adecuado y preciso es electroencefalograma.
¿Qué es un electroencefalograma (EEG)?
El electroencefalograma es un estudio no invasivo que registra la actividad eléctrica del cerebro a través de electrodos colocados en el cuero cabelludo. Estos electrodos captan los impulsos eléctricos neuronales y los traducen en ondas cerebrales que se grafican en un monitor. Este estudio permite al neurólogo observar si la actividad cerebral es normal o si presenta patrones anómalos que puedan indicar la presencia de una enfermedad neurológica.

Aplicaciones del electroencefalograma
El EEG es una herramienta fundamental en neurología. Algunas de sus principales indicaciones clínicas incluyen:
1. Diagnóstico de epilepsia
El electroencefalograma es el estudio de elección cuando se sospecha epilepsia. Permite identificar patrones eléctricos específicos, como descargas epileptiformes, que confirman el diagnóstico y ayudan a clasificar el tipo de crisis epiléptica.
2. Evaluación de alteraciones de la conciencia
En pacientes que presentan pérdida súbita del conocimiento, desmayos o episodios de desconexión del entorno, el EEG puede diferenciar entre una causa neurológica y otras posibles explicaciones, como síncope o trastornos funcionales.
3. Trastornos del sueño
El EEG es una herramienta clave en la evaluación de personas con insomnio, somnolencia excesiva, sonambulismo, narcolepsia o parálisis del sueño. En estos casos, suele combinarse con una polisomnografía, que registra además otros parámetros fisiológicos durante el sueño.
4. Detección de encefalopatías
Algunas enfermedades metabólicas, tóxicas o infecciosas pueden afectar el funcionamiento del cerebro y causar una encefalopatía. El EEG puede detectar una actividad cerebral anormal compatible con estas condiciones.
5. Monitoreo en unidades de cuidados intensivos
En pacientes críticos, especialmente aquellos en coma, el electroencefalograma continuo permite evaluar el nivel de actividad cerebral, detectar crisis convulsivas no evidentes y tomar decisiones terapéuticas en tiempo real.
¿Cuándo está indicado un electroencefalograma?
Un neurólogo puede recomendar este estudio en una variedad de escenarios. Algunas señales de alerta que justifican su indicación incluyen:
- Convulsiones o movimientos involuntarios.
- Crisis epilépticas diagnosticadas previamente (seguimiento o ajuste de tratamiento).
- Episodios de pérdida de conciencia sin causa aparente.
- Confusión, desorientación o alteraciones de conducta de inicio reciente.
- Trastornos del sueño persistentes o severos.
- Sospecha de muerte cerebral en un paciente en estado crítico.
- Evaluación prequirúrgica en casos seleccionados de epilepsia resistente a fármacos.
¿Cómo se realiza un electroencefalograma?
El procedimiento es sencillo, indoloro y no invasivo. Se lleva a cabo en una sala especializada, donde se colocan electrodos sobre el cuero cabelludo utilizando una pasta conductora. Durante el estudio, que suele durar entre 20 y 40 minutos (o más en algunos casos), se pide a la persona que permanezca relajada, a veces con los ojos cerrados. También se pueden aplicar estímulos como luces intermitentes o hiperventilación para inducir ciertas respuestas cerebrales.
En algunos casos se requiere un EEG prolongado o un electroencefalograma con privación de sueño, para aumentar la sensibilidad del estudio, especialmente cuando los resultados previos han sido normales pero persiste la sospecha clínica.
Electroencefalograma vs encefalograma: ¿cuál es la diferencia?
En resumen, el encefalograma no es un estudio específico, sino un término coloquial. El electroencefalograma (EEG) es el nombre correcto del procedimiento utilizado para registrar la actividad eléctrica del cerebro. Es una herramienta diagnóstica con una alta utilidad en neurología, especialmente en el estudio de la epilepsia, los trastornos del sueño y las alteraciones de la conciencia.
Conclusiones
Cuando se trata de cuidar la salud cerebral, contar con herramientas precisas es fundamental. El electroencefalograma es uno de los estudios más valiosos en neurología moderna. Aunque el término “encefalograma” es común en la conversación cotidiana, lo correcto es hablar de EEG cuando se hace referencia al estudio que capta la actividad eléctrica cerebral. Si una persona experimenta síntomas neurológicos sin explicación, consultar a un neurólogo y considerar este tipo de estudios puede marcar la diferencia en un diagnóstico oportuno y un tratamiento adecuado.
