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Atención neurológica para dolor persistente por hernia discal

Autor: Giovana Femat Roldán

Atención neurológica para dolor persistente por hernia discal

El dolor de espalda es una de las causas más frecuentes de consulta médica en todo el mundo. En particular, la hernia discal es una condición común que puede afectar de manera importante la calidad de vida de quienes la padecen. 

¿Qué es una hernia discal y cómo se manifiesta?

Entre cada vértebra de la columna existen discos intervertebrales que actúan como amortiguadores. Una hernia discal ocurre cuando uno de estos discos se desplaza o se rompe, lo que puede ejercer presión sobre las raíces nerviosas cercanas. Esta condición suele presentarse con dolor lumbar crónico, es decir, un dolor que se mantiene por más de 12 semanas, y que en muchos casos se acompaña de dolor irradiado a las piernas, también conocido como ciática persistente.

Los síntomas pueden incluir entumecimiento o debilidad en las extremidades inferiores, hormigueo, sensación de ardor, o dolor eléctrico que se irradia desde la parte baja de la espalda hacia las piernas. Estos síntomas suelen ser el resultado de un nervio comprimido, lo que provoca una radiculopatía lumbar.

¿Cuándo es necesario preocuparse por los signos neurológicos?

Debilidad muscular evidente

  • La debilidad suele localizarse en grupos musculares específicos, dependiendo de la raíz nerviosa afectada. Por ejemplo:
  • En una hernia lumbar grave (como L4-L5 o L5-S1), puede haber debilidad para levantar el pie (lo que se llama “pie caído”).
  • En una hernia cervical alta, puede haber pérdida de fuerza en brazos o manos.
  • Esta debilidad puede interferir con actividades cotidianas simples, como subir escaleras, caminar o sostener objetos.

Pérdida de reflejos osteotendinosos

  • La disminución o ausencia de reflejos en zonas específicas del cuerpo puede indicar daño radicular.
  • Por ejemplo, el reflejo aquíleo (tobillo) puede estar ausente en una hernia que compromete la raíz S1.

Hipoestesia o anestesia (disminución o pérdida del tacto)

  • Puede presentarse una alteración de la sensibilidad en un patrón definido llamado dermatoma, que corresponde a la distribución sensitiva de cada raíz nerviosa.
  • Las personas pueden notar zonas “dormidas”, entumecimiento, o una sensación de «almohadilla» en la piel.

Dolor radicular intenso (ciática o cervicobraquialgia)

  • Este dolor suele ser punzante, eléctrico y sigue la trayectoria de un nervio afectado.
  • Es persistente, difícil de aliviar y generalmente empeora con ciertos movimientos o al estar sentado por periodos prolongados.

Parestesias persistentes

  • Sensaciones anormales como hormigueo, ardor o pinchazos en brazos, piernas o pies.
  • Aunque pueden aparecer en casos leves, si son intensas o se acompañan de otros signos neurológicos, deben ser motivo de preocupación.

Atrofia muscular

  • En casos avanzados y no tratados, los músculos inervados por la raíz afectada pueden empezar a disminuir de tamaño por falta de estímulo nervioso.
  • Esto se observa en músculos como los gemelos, cuádriceps o músculos de las manos.

Signos de alarma que requieren atención urgente

Existen ciertos síntomas neurológicos graves que pueden indicar una compresión severa de la médula espinal o del síndrome de cauda equina (una urgencia neuroquirúrgica):

  • Incontinencia urinaria o fecal sin control voluntario.
  • Pérdida de sensibilidad en la región perineal o genital (anestesia en «silla de montar»).
  • Debilidad súbita y bilateral en las piernas.
  • Dolor lumbar intenso acompañado de estos síntomas.

Estos signos no solo indican una hernia discal grave, sino una posible compresión de múltiples raíces nerviosas. En estos casos, se debe acudir de inmediato a un servicio de urgencias.

¿Qué estudios ayudan a confirmar el diagnóstico?

Cuando el dolor no mejora con tratamiento básico, o se presentan signos de afectación neurológica, es indispensable realizar estudios de imagen y neurofisiología. La resonancia magnética de columna es la prueba de elección para visualizar con precisión el estado de los discos, los nervios y la médula espinal. Este estudio permite identificar la presencia, localización y grado de una hernia de disco, así como su relación con las estructuras nerviosas circundantes.

En casos donde existe debilidad, pérdida de sensibilidad o alteraciones motoras, se puede complementar con una electromiografía. Este estudio evalúa la función de los nervios y músculos, permitiendo detectar si hay una compresión prolongada o daño en la conducción nerviosa. La electromiografía es especialmente útil para confirmar una radiculopatía lumbar y distinguir entre una lesión en la raíz nerviosa y otros problemas neuromusculares.

Tratamiento conservador: ¿cuándo esperar y cuándo actuar?

La mayoría de los pacientes con hernia discal mejoran con un tratamiento conservador, que incluye reposo relativo, antiinflamatorios, fisioterapia y ejercicios de fortalecimiento. Sin embargo, cuando existe dolor neuropático persistente, es decir, dolor intenso, ardoroso o punzante que no responde a los analgésicos comunes, o cuando hay una limitación funcional importante que interfiere con las actividades cotidianas, es fundamental acudir con un especialista en neurología.

Buscar atención neurológica especializada es crucial cuando:

  • El dolor se mantiene por más de 6 a 8 semanas sin mejoría significativa.
  • Existe debilidad o entumecimiento progresivo en las piernas.
  • Se ha perdido la capacidad de caminar o de realizar actividades básicas.
  • Hay alteraciones en la sensibilidad o en los reflejos.
  • El paciente ha probado múltiples tratamientos sin éxito.

En estos casos, el objetivo de la atención neurológica no es solamente tratar el dolor, sino también prevenir daños neurológicos permanentes.

El rol del neurólogo en el manejo del dolor por hernia discal

Los neurólogos evalúan de forma integral la función del sistema nervioso y determinan si el dolor y los síntomas se deben a una compresión significativa de las raíces nerviosas o a una disfunción más compleja. Además de interpretar la neuroimagen lumbar, pueden realizar una evaluación clínica detallada de la fuerza, reflejos, sensibilidad y coordinación.

A partir de esta valoración, el neurólogo puede:

  • Identificar si el dolor es de tipo neuropático y ajustar el tratamiento.
  • Indicar estudios como la electromiografía para precisar el grado de compromiso nervioso.
  • Coordinar un programa de rehabilitación neurológica, enfocado en mejorar la fuerza muscular, la movilidad y la independencia del paciente.
  • Determinar si es necesario referir al paciente a un cirujano de columna cuando hay datos claros de compresión severa o síndrome de cauda equina.

¿La cirugía es la única solución?

La cirugía de columna debe considerarse solo como última opción, especialmente si hay evidencia de que el nervio está en riesgo de daño permanente. En muchos casos, la intervención quirúrgica puede aliviar la compresión del nervio, pero no siempre elimina el dolor por completo. Por ello, es indispensable que la decisión sea tomada de manera conjunta por el paciente y el equipo médico, idealmente incluyendo al neurólogo que ha seguido el caso.

Antes de recurrir a la cirugía, se debe haber intentado un tratamiento integral que incluya manejo del dolor, rehabilitación física y acompañamiento neurológico. La clave está en evaluar no solo la imagen, sino la funcionalidad real del paciente y el grado de calidad de vida afectada.

¿Qué es la rehabilitación neurológica?

La rehabilitación neurológica busca mejorar la funcionalidad de los pacientes con dolor crónico o lesión nerviosa. En el contexto de una hernia discal, esto puede incluir:

  • Ejercicios específicos guiados por fisioterapeutas especializados.
  • Educación postural.
  • Terapias de estimulación eléctrica para el dolor neuropático.
  • Entrenamiento en marcha y equilibrio.

Este enfoque integral permite que muchas personas puedan recuperar su independencia y reintegrarse a sus actividades diarias, incluso cuando persiste alguna alteración anatómica.

¿Cuándo acudir con un neurólogo?

Acudir con un neurólogo es recomendable cuando:

  • El dolor lleva más de 8 semanas sin mejoría.
  • Se han probado tratamientos conservadores sin éxito.
  • Hay síntomas que indican compromiso neurológico: debilidad, pérdida de reflejos, alteración en la marcha o en los esfínteres.
  • Se sospecha un síndrome de cauda equina.
  • Se necesita orientación sobre si continuar con manejo conservador, iniciar rehabilitación, ajustar medicamentos para dolor neuropático o valorar cirugía.

El neurólogo desempeña un papel clave en la evaluación y manejo del dolor crónico por hernia discal, especialmente cuando hay dudas diagnósticas o sospecha de afectación nerviosa progresiva.