Métodos de diagnóstico de encefalopatía hepática
Autor: Giovana Femat Roldán

La encefalopatía hepática es una afección neurológica que ocurre en pacientes con enfermedad hepática avanzada. Se presenta con mayor frecuencia en aquellos con:
- Cirrosis hepática descompensada
- Insuficiencia hepática aguda
- Portadores de derivaciones portosistémicas.
Se caracteriza por una disfunción cerebral causada por la acumulación de toxinas en la sangre, debido a la incapacidad del hígado para filtrarlas adecuadamente.
Esta condición puede manifestarse en episodios agudos o desarrollarse de forma crónica, dependiendo de la evolución de la enfermedad hepática y la presencia de factores precipitantes como:
- Infecciones
- Hemorragias digestivas
- El uso de fármacos sedantes.
Los síntomas varían desde alteraciones leves en la memoria y el comportamiento hasta estados de confusión severa y coma.
Es importante mencionar que la gran mayoría de las veces el diagnóstico de encefalopatía hepática es clínico, es decir, que a partir de la toma de historia clínica y exploración física el médico puede realizar el diagnóstico.
Evaluación clínica y escalas diagnósticas
El diagnóstico de la encefalopatía hepática comienza con una evaluación clínica detallada. Los especialistas observan los síntomas y utilizan escalas diagnósticas como la clasificación de West Haven, que categoriza la enfermedad en cuatro grados:
- Grado 0:
No hay anormalidades claras, pero pueden existir alteraciones sutiles en la memoria o la concentración.
- Grado 1:
Trastornos leves en la atención, cambios de personalidad y alteraciones del sueño.
- Grado 2:
Letargo, desorientación y comportamiento inapropiado.
- Grado 3 y 4:
Somnolencia extrema, confusión severa y coma.
El uso de cuestionarios neuropsicológicos y pruebas de atención puede ayudar a detectar estadios tempranos de la enfermedad. Además, la entrevista clínica detallada con el paciente y sus familiares proporciona información clave sobre la progresión de los síntomas y la presencia de factores desencadenantes como infecciones, hemorragias digestivas o el uso de fármacos sedantes.
Pruebas neuropsicológicas y funcionales
Para identificar la encefalopatía hepática mínima o subclínica, los especialistas pueden emplear pruebas neuropsicológicas, como:
- Prueba de conexión de números (Number Connection Test):
Evalúa la velocidad y precisión del pensamiento secuencial.
- Prueba de Stroop:
Mide la atención selectiva y la capacidad de inhibición cognitiva.
- Prueba de la estrella o de cancelación:
Evalúa la atención y la función visoespacial.
Estos tests pueden revelar déficits cognitivos leves antes de que aparezcan signos evidentes de la enfermedad. En algunos centros especializados, se emplean baterías computarizadas para mejorar la sensibilidad de la detección y facilitar un diagnóstico objetivo.

Estudios electroencefalográficos (EEG) y potenciales evocados
El electroencefalograma (EEG) es una herramienta útil para detectar la encefalopatía hepática, especialmente en sus fases iniciales. Los patrones de ondas cerebrales pueden mostrar enlentecimiento progresivo conforme la enfermedad avanza. El análisis espectral del electroencefalograma puede proporcionar información sobre la actividad neuronal y el grado de alteración de la función cerebral.
Los potenciales evocados cognitivos, como el P300, permiten evaluar la velocidad de procesamiento cerebral. Un retraso en la latencia del P300 es un marcador sensible de deterioro cognitivo asociado a la encefalopatía hepática.
Imágenes por resonancia magnética y espectroscopía
La resonancia magnética avanzada permite detectar cambios estructurales en el cerebro de pacientes con encefalopatía hepática. Se han identificado alteraciones en la sustancia blanca y en los ganglios basales.
La espectroscopía por resonancia magnética es una técnica avanzada que mide las concentraciones de metabolitos cerebrales. En la encefalopatía hepática, se observa un aumento de glutamina y una reducción de mioinositol, lo que sugiere acumulación de amonio y edema cerebral leve. Además, estudios recientes han demostrado que la resonancia funcional puede ayudar a evaluar la conectividad neuronal afectada en la encefalopatía hepática, proporcionando una mejor comprensión de la disfunción cerebral.
Análisis de biomarcadores en sangre
Los estudios bioquímicos son fundamentales para evaluar la función hepática y detectar la encefalopatía hepática. Entre los biomarcadores más relevantes se incluyen:
- Amonio plasmático:
Aunque no siempre se correlaciona con la gravedad de los síntomas, niveles elevados pueden indicar encefalopatía hepática.
- Proteína C reactiva y citoquinas proinflamatorias:
Indicadores de inflamación sistémica que pueden agravar la disfunción cerebral.
- Neurotransmisores y metabolitos:
Cambios en la serotonina, dopamina y ácido glutámico pueden reflejar la afectación neuronal.
- Factor de crecimiento nervioso (NGF) y neurotrofinas:
Estudios recientes sugieren que estos biomarcadores pueden estar relacionados con la neurodegeneración en pacientes con encefalopatía hepática.
Además de los análisis convencionales, nuevas tecnologías de proteómica y metabolómica están ayudando a identificar perfiles moleculares específicos que podrían mejorar la precisión del diagnóstico.
